Las mujeres sálibas son muy activas, pero sensibles ante las críticas y burlas de sus coterráneos, pues este pueblo tiene un carácter bromista y se divierte poniéndole apodos a toda la gente, esos apodos por lo general están relacionados con la fisonomía, el comportamiento o la forma como se viste el individuo objeto del apodo. Sería interesante hacer una compilación de los apodos que utilizan, pues muchos de ellos forman parte del contexto en el que viven como son los de animales y otros elementos de la naturaleza.

Es de destacar que también han desarrollado otros proyectos como el del “galpón” que consiste en la cría de gallinas y la “tienda comunitaria” que la manejan ellas. En las reuniones comunitarias las sálibas que se destacan por su liderazgo intervienen con mucha frecuencia para formular propuestas, opinar sobre algún hecho o sentenciar a alguna persona por su conducta reprochable. No les da ni vergüenza ni temor hablar en su propio idioma y se comunican en sáliba abiertamente, a veces cuando pasa una mujer por un camino sostienen conversaciones con otra a distancia y en voz alta.

Ellas son de contextura delgada, bajas de estatura, cabellos largos y lacios, rostros pequeños y finas facciones. Las mayores usan vestidos de colores alegres y floridos, pero las jóvenes se visten imitando las modas que ven en la televisión y en las revistas. Se destacan porque a veces muestra mayor iniciativa que los hombres para desarrollar proyectos comunitarios y conseguir recursos.

Recuerdo por ejemplo, a Domitila Guacarapare que siempre está dispuesta a organizar sus propios negocios que le permiten obtener unos ingresos propios y mantenerse ocupada. Como ella se pasó a vivir del Ocumo al poblado de Piñalito y su casa queda rodeada de otras viviendas, cerca al colegio y al internado, decidió iniciar un negocio propio, primero se encargó de la cooperativa del colegio donde vendía dulces, golosinas, gaseosas y empanadas que ella misma preparaba, luego la vi vendiendo gaseosas, cerveza y helados en su propia casa. También va a la casa de las mujeres para coser su propia ropa y la de su familia, participa activamente en las reuniones comunitarias, en los bazares para recolectar fondos, en el galpón y la tienda comunitaria… Así como Domitila son todas las mujeres sálibas. Inquietas, siempre dispuestas a participar en las actividades y a proponer nuevas labores que les permita obtener mejoras comunitarias o algunos ingresos.

A veces se muestran ingenuas o ignorantes de la cultura nuestra, pero en realidad es una actitud postiza o una forma de comportamiento que asumen para ver las reacciones de la gente de afuera. Recuerdo que una vez hablamos con Domitila Guacarapare sobre el periodo menstrual y en medio de esa charla le comenté sobre las toallas sanitarias, ella se mostró muy extrañada, pues según me dijo allá acostumbraban colocarse un trapo limpio y grande doblado. Como creí que no conocía las toallas sanitarias saqué algunas para mostrárselas y regalárselas, pero después me di cuenta que ella y todas las mujeres sálibas usan desde hace mucho tiempo toallas higiénicas para ellas y pañales desechables para sus niños. Aunque esto demuestra que han incorporado normas nuestras que les hace más fácil la vida, no deja de ser preocupante porque todos esos desechables van a parar a los ríos, a los caños y a la sabana, contaminando el medio ambiente.