EL FUNDADOR

Para los detractores, todos los presidentes son malos y todos los gobernadores corruptos y deplorables; que hablar mal  de los demás es fácil,  y en este relato le doy la oportunidad a todos los que muestran su oposición desacreditando, que juzguen y condenen al primer mandatario que tuvo el Guainía: Don Hernán Ríos, porque  hace ya muchos años en la voz de esos detractores escuchábamos: – Que mal… Misael Pastrana, nos mandó de comisario el encargado de una finca que tiene en el Huila, un peón bien bruto- y fueron repitiendo esa mentira hasta casi convertirla en verdad, muchos ya lo creíamos, pero hablando hace poco en Mocoa con Jorge Ríos, aprendí que su papá antes de venirse de comisario del Guainía  había sido cuatro años  comisario del Putumayo y también  fue periodista por más de veinte años del diario El Liberal de Popayán, que nació en Jardín Antioquia,  murió a los setenta y pico de años  en el mismo pueblo y nunca fue encargado en la finca de Pastrana.

Don Hernán escogió en Mocoa el personal que iba a colaborarle y estuvo dos meses en Villavicencio gestionando recursos y alistando todo lo necesario para la fundación. Duraron cuarenta y cinco días en seis camiones atravesando las sabanas del Meta y el Vichada, hasta llegar a Santa Rita. Traíamos provisiones, herramientas, enfriadores de kerosene, dos motores fuera de borda y un tractor. En santa Rita, compró un bongo grandísimo, le hicieron un planchón, subieron el tractor y debajo del planchón metieron el arroz y todo lo que se podía dañar con el agua. Una vez arrancaron el viejo de la felicidad exclamó: -Pongámoslo El Fundador- Entre los bultos venía uno que era el bulto de la plata y lo descargaron y lo cargaron infinidad de veces en los cuarenta y cinco días que duró la travesía y nadie jamás se robó un peso.

 

Los primeros habitantes

 

 -Cuando el mundo estaba blandito todavía- los  habitantes del Guainía, aprovecharon  las piedras   que  están a la orilla de sus ríos para tallar en ellas  petroglifos que permanecen todavía, como una constancia más de su existencia y de su sabiduría.

En el año mil seiscientos  un francés  se ganó  una beca para hacer investigación en Suramérica,  y  al regresar a su país explicó que en los ríos de por aquí -existía un animal que mataba a las víctimas sin morderlas ni enterrarles ponzoña alguna-  entonces lo trataron de loco y le quitaron la beca. Cien años más tarde, en mil setecientos,  un científico inglés,  flaco, pálido  y barbudo, se atrevió a asegurar que lo dicho por  el francés era cierto y añadió -las víctimas antes de morir sienten  berraqueras- entonces, le quitaron  los auxilios económicos y le prohibieron regresar, argumentando que las fiebres palúdicas le habían trastornado la mente.

En 1800 pasó el sabio Humboldt (becado también) recién inventada la electricidad,   y aseguró que lo dicho por el francés y por el inglés era cierto y que dicho pez mataba a sus víctimas no con los dientes, ni con ponzoña alguna, sino con descargas eléctricas, y  bautizó al “temblador”  con el nombre científico de electrophorus electricus.

A principios de mil novecientos el tirano Tomás Funes era dueño y señor de todas las cosas y de los seres de toda región incluyendo a  los indios, los negros y los blancos;   su ocupación principal fue la explotación maderera, hasta el día que lo juzgaron y lo condenaron a muerte -No me tapen los ojos que van a matar a un hombre-les dijo, y lo fusilaron sin vendarlo. En la época de la segunda guerra mundial, cuando el Guainía todavía pertenecía al Vaupés,  se instalaron los chicleros,  entre ellos recordamos al viejo Angarita, a Mario Castilla y Fidel Bernal,  “los churuqueros” les decía la gente,  porque vivían encaramados en los palos de caucho, como los monos churucos. Muchos de los revolucionarios del llano con la firma de la paz, se vinieron al Guainía a fundarse y a comerciar con la palma de fibra.

Hay una persona valiosa de especial recordación en la celebración de los cincuenta años: Sofía Muller, que entre sus muchas cualidades no permitió que el alcohol “destilado” arrasara las comunidades indígenas. Tengo su obra: HIS VOICE SHAKES THE WILDERNESS. Admirable, porque sin saber español y sin saber ninguna lengua indígena se metió a la selva, empezó enseñándole a leer a cinco indígenas en su propia lengua, con el compromiso que cada uno le enseñara a cinco más y al poco tiempo mucha gente en la selva sabía leer y escribir sin necesidad de lápiz,  cuaderno, ni ayuda gubernamental; la gente escribía en los remos, en la playa y  amontonando chamizos. Muchas veces la encontré con su figura menudita y su pésimo español, metida en una curiara, agua arriba agua abajo, por el río Orinoco y el río Guainía, amontonando a los indígenas que vivían en el monte desperdigados, convenciéndolos que abandonaran la antropofagia y que hicieran comunidades para predicarles mejor el evangelio.

Me veo obligado a aclarar que el cumpleaños del departamento del Guainía es el  13 de julio y el de la fundación de Inírida el siete de febrero, que el Guainía en Julio cumple 52 años de creado y la fundación oficial de nuestra capital cumplió 50 años el siete de febrero.

__________________________________________________________________________________________________________________

PUBLICIDAD:  Inírida, El conuco de Adán

___________________________________________________________________________________________________________________

A LA TIERRA DE MIS HIJOS

Guainía,
mucha luz
mucho sol
mucho día,
como día de tres días
y benditas son sus noches
en derroches
con parrandas de fantoches
y aterrizajes forzosos
de romances amorosos.

Hay pescado
y hay pecado
hay yucuta
y hay amor
ames mucho
o ames poco
poco importa
si hay mañoco
y que el rancho
siga ardiendo
y la familia creciendo
y ante esta satisfacción
¿que otro remedio me toca..?
Agrandar más la maloca
que el buen aquerenciamiento
se mide en la parición.

Umberto- Umberto, cronista de indias 523 años después